
Gracias a ti, Padre, por estar siempre a mi lado.
Gracias por embalsamar mis heridas con tu amor y luz.
Gracias por ser un fiel compañero, apoyándome en aquellos momentos de debilidad y necesidad.
Gracias por ser el paño sobre el que secar mis lágrimas.
Gracias a ti, por ser una fuente de inspiración y claridad cuando las nubes tapan mi juicio.
Gracias a ti, por tu inestimable ayuda, por tu continua presencia a mi lado, por nutrir mi alma
con tu gracia divina.
Gracias Padre, por haberme concedido el honor de ser una parte tuya, de tenerte en mí, de actuar
a través tuya.
Gracias por permitirme ser una chispa divina, y llevar tu amor a todos los rincones donde se necesite.
Gracias Señor. Gracias Padre divino.
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